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29/10/08

8:00

Me preguntaste mi nombre la décima vez que me dijiste hola, cuando tropezamos al cruzar el paso de peatones de la esquina. En esa calle tan llena de tráfico a las ocho de la mañana; justo donde se pone la chica que sueña con ser bailarina a repartir los periódicos gratuitos. Ese día tocaba cortar el césped, pero no pude saborear el olor a hierba recién cortada (que tanto me gusta), porque el jardinero sonreía hipnotizado a la farmacéutica. En ese momento un hombre mayor de boina y bufanda a cuadros paseaba a su perro casi tan viejo como él. El sol brillaba en el agua de la fuente, y allí estaba Julio, el hippie de la plaza que toca la armónica con los ojos cerrados. Aquél día yo había desayunado café y tostadas de naranja, y aún notaba el sabor dulce en los labios cuando tu mirada se cruzó con la mía. Y todo esto pasaba sin que al gato de la vecina histérica que vive en el segundo se le escapara detalle...
Hace casi dos años, pero puedo recordarlo como si lo hubiera vivido hace cinco minutos...