
Su cabeza llena de hojas arrugadas y amarillas, en sus oídos una cuerda de guitarra rota, su nombre le pinchaba en la lengua, quería llorar... pero sus ojos no la dejaban.
Correr. No pensar. Correr para encontrarse, correr para que no la encuentren.
El frío de la calle a penas roza su piel. Cruza sin mirar, sin saber donde va, sin parar un sólo momento, está ciega de histeria, ya no le queda aliento...¡y se para!
El aire casi no llega a sus pulmones, una pequeña nube de vaho sale de su boca, y en el silencio de la mañana sólo se oye su entrecortada respiración.
Frente a ella una persona. ¿Quién es? ¿lo conoce?
No, no lo conoce, pero sí sabe quién es. Es la persona a quien estaba esperando.
¿Y qué estará pensando él?... Lo mismo que ella, seguro, casi puedo ver lo que va a pasar ahora...
Se acercan, no hablan, se miran... y se abrazan.
Algunos lo llaman príncipe azul... otros la casualidad de su vida... para ella, él era un Abrazo Perfecto.
*Sólo para ti...